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sábado, 29 de agosto de 2020

Juan Carlos, de indiscutido y querido a huído


Cuando yo nací, ya estaba decidido que Juan Carlos de Borbón iba a ser sucesor a título de Rey. No me preguntaron, pero lo malo es que tampoco se consultó a nadie fuera de Palacios o Ministerios. Bien pensado, tal vez fue un error, pero lo que vino después nos llevó a pensar que Juan Carlos se lo había ganado y que tenerle del Rey no era mala idea.

El caso es que no tiraré abajo el legado de la transición, no seguiré esa moda que hoy, casi 50 años después no lleva a ningún sitio y que lo único que muestra es el desconocimiento de lo que era la España del postfranquismo y sobre todo la fragilidad de la democracia en esos años. Como a cualquier demócrata no me hace ilusión que elijan por mí, pero tal vez no era el mejor momento para ciertos debates.

Al respecto de la transición, he tratado de leer y estudiar todo lo que he podido sobre ello y a tratar de razonar sobre lo sucedido. Personalmente me apasiona conocer nuevos puntos de vista sobre ese período. Reconozco que hubiera sido muy difícil mantener la dictadura sin Franco, pero que todo lo que se hizo para traer la democracia tuvo al Rey detrás. 

Además de eso, hizo lo posible por aparecer como cercano a los españoles (sinceramente lo del campechano a mí nunca me llamó la atención) y por tanto muy distinto a los lamentables actos de muchos de sus antepasados. Tener una persona así en la Jefatura del Estado, alejado del juego político parecía ser lo mejor.


Su figura se acrecentó en el 23F. Hubo quien quiso meterle en la génesis de la intentona, pero como bien señalaba Javier Fernández en "23F Diecisiete horas y media" los que asaltaron el Congreso se hartaron de citar al Rey, pero cuando apareció en televisión no obedecieron. También recuerdo lo dicho por el General Quintana Lacaci, muy agradecido al franquismo, pero fanático de la disciplina. Nunca se sumó a la intentona y habló con el Rey en las primeras horas.

Los años pasaron y con ellos llegaron las dudas. Antes de aparecer el caso de Urdangarin, la herencia de Don Juan o el tema actual de las comisiones con o sin Corinna mediante, ya vimos que la Casa Real no era avanzada en la transparencia, que para muchos es la mejor vacuna contra la corrupción. Los cambios legislativos que ha habido en este sentido no han aclarado las dudas con esta y otras instituciones.




En fin, con los casos que tampoco voy a detallar, han ido sacando otro embrollo, pero de tipo legal: La Inviolabilidad del Monarca. Se comenzó a hablar con la abdicación. Como alta autoridad del Estado goza de este término. Se le considera irresponsable de los actos realizados en virtud de su cargo. Actos institucionales, discursos, firma y sanción de textos legales... 

Bien, esto es lógico. Hay un poder civil y democrático que está para este menester. Pero parece ser que las irregularidades y/o presuntos (todavía) delitos puedan estar amparados por esta inviolabilidad. Para mí esto no debe ser discutible, es simplemente inadmisible y con ello no estoy de ninguna manera negándole transcendencia a la figura del hoy Rey Emérito. 

Juan Carlos de Borbón puede y debe ser investigado y juzgado como a cualquiera, pues de haber existido una percepción de comisiones no declarada no se refiere a su labor como Jefe del Estado.

Si a esto añadimos, su aparición en Botswanna y las supuestas aventuras (sí, esas que no invalidan a alguien como Monarca, pero que decepcionan a los que llevamos una vida familiar normal) y por último la salida del país, antes de que la justicia se decida a investigarle le alejan de esa cercanía con la que entró a dirigir a este país y le acercan a todo los errores que cometieron sus predecesores, muchos de ellos ancestros.

¿El futuro? Aconsejo a Felipe VI total transparencia y humildad en sus actos y gestión. La República, a la que muchos miran hoy es una fórmula democrática más, pero no está exenta de errores. Termino con el convencimiento personal de que es una pena que una figura histórica hasta hace poco muy querida para todos haya decepcionado tanto.

Un saludo del Abu

sábado, 31 de octubre de 2009

¿Acostumbrados a leer sobre corruptos?


Leía en algún otro blog sobre este tema. Y tengo que estar de acuerdo que este es un riesgo. Más de una vez he escuchado a personas utilizando comentarios permisivos al respecto. "Los políticos, ya se sabe, están para eso, es muy difícil evitarlo...".

Me sublevo ante estas cosas. El control es complicado y cada vez las fórmulas utilizadas son más sutiles que coger un puñado de billetes de alguna caja. Comisiones, regalos, favores... Salvo que encuentres al que ya no tiene escrúpulo alguno y se crea invencible, como han podido ser los del Gürtel, es complicado de vencer.

Pero ¿qué nos queda a los que estamos en la vida cotidiana? La intolerancia. El ser beligerantes con todo lo que rezume a enriquecimiento por el desempeño de actividades públicas. Nada de entreguismos o de mirar a otro lado. Esta sociedad debe demandar honestidad y vocación de servicio público. No vale el "son así y no hay nada que hacer" y no digamos, "puestos a robar, que lo hagan los mios".

Estamos demandando a los sectores empresariales y profesionales, un cambio del modelo productivo, un cambio de los niveles de remuneración y una redefinición de objetivos. Al fin y al cabo, es esa corrupción lo que nos ha llevado a la crisis. Por tanto, debemos demandar un cambio en el mismo sentido a nuestra clase política.

Del otro lado, nos encontramos con inaceptables declaraciones en plan paños calientes. Estaba volviendo a leer lo dicho por Bono ("hay más políticos honestos que corruptos") y por Pujol ("no es bueno tirar de la manta"). No serán los únicos. No quiero quitar hierro a lo dicho por Pujol, pero me parece más grave el caso de Bono, en plena actividad y en primera línea al ser presidente del Congreso...

Seguro que no faltarán declaraciones del estilo "¿y tú más?", "ellos sí que tienen un problema de corrupción generalizado", "en nuestro partido quien la hace la paga". Me da igual quien las haga, más tarde o más temprano las harán unos y luego los otros.

Los políticos profesionales, posteriormente lamentarán el descrédito que sufre su actividad frente al resto de la sociedad, pero ellos solitos se la buscan. Es difícil encontrar voluntad de acabar con estos actos si la única voluntad es minimizar el problema. Pero el descrédito no es para ellos (lo que no me preocuparía) es para todo el edifício democrático y sus garantías.

¿Regeneración de la vida política?, ¿Código de buenas prácticas?, ¿Comisiones de investigación?, ¿Pacto antitransfuguismo?, ¿diputados/concejales expulsados no adscritos? No, no es suficiente. Busquen mecanismos útiles ya, ganense su sueldo, que para eso votamos.

Por cierto, no hablo de ningún caso o imputado concreto. Sigo creyendo que eso es tema de la justicia. Lo que no puede ser es que Forges tenga razón siempre, no por él, por el tema tan sangrante.

Como bien me decía un amigo, corremos el riesgo, de que la democracia que tanto costó recuperar, caiga en manos de un salvapatrias populista y barato que la termine de matar.

Un abrazo

Jesús (a.k.a.)