viernes, 9 de octubre de 2026

Onésimo, el penúltimo regate... otro hombre que pudo reinar




Los virtuosos, los genios incomprendidos, los juguetes rotos... no son exclusivos del deporte en general. Están en todos los ámbitos. Pero el deporte y especialmente el fútbol encumbra al genio más rápido y con un problema añadido: Muchas veces no sabe entenderlo, valorarlo y sobre todo darle una posición adecuada.

Iván Vargas nos trae la semblanza de un futbolista, un genio, un superdotado... que como le pasó a otros hombres que pudieron reinar (voy a meter con calzador el libro de Rubén Uría que leí hace tiempo y que me marcó) quedó maldito. Brillaba cuando le dejaban, cuando estaba todo perdido, cuando sólo la inconsciencia podía ser la salvación y sobre todo, cuando la pizarra y la ortodoxia ya habían perdido el sentido.

Lo peor es que Onésimo era muy consciente y se sabía mejor. Estaba muy por encima del momento y de esa ortodoxia. Ni siquiera ese otro genio revolucionario como era Cruyff le dió alternativas. Onésimo tampoco fue un exceso de comprensión con entrenadores y compañeros. Talento, arrogancia, convencimiento, juventud...

¿Y la grada? Admiradores y detractores a partes iguales. Por pocos minutos que tuviera, Onésimo, como otros genios, generó arte y error y por lo tanto argumentos de todos los colores. La realidad es que el que paga quiere constancia, trabajo y cierto brillo... en ese orden.

En fin, Onésimo no encontró la confianza y la comprensión, otros, como bien contaba Rubén Uría en su libro se perdieron en múltiples casuísticas. El tiempo en esto tiene un factor curioso. Puede hacer que se valore mejor a un jugador ya perdido o que se olvide a otro que triunfó.

No puedo cerrar esta pequeña chapa sin agradecimiento. Es un lujo tener a tipos como Iván y Rubén, que contra toda corriente siguen trabajando en que ese olvido no sea definitivo. Yo pude ver a Onésimo, pero me encanta conocer aunque sea píldoras de esos jugadores que crearon este deporte. El trabajo está hecho, basta con sentarse a admirarlo.

Un abrazo del Abu



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