Berlanga y Azcona... tengo que reconocer que mucho más de su obra tendría que haber visto. Nunca me ha decepcionado. Qué extraordinaria capacidad para deformar la realidad, acercarla al espectador de un modo sencillo y, sin dejar la crudeza de la situación de lado, hacer reir.
El escenario es una cacería. Una actividad que todo el mundo conoce, pero a la que se dedican muy pocos y en grupos muy reducidos, añadamos el marco temporal: El franquismo con el poder en muy pocas manos. Allí están representadas, la clase política, la nobleza, el empresariado, la religión y además indivíduos que se aprovechan, o tratan de hacerlo, de esa situación.
La mezcla de intereses de estado con los intereses personales de cada uno no tarda en aparecer. Las altas políticas de estado quedan subordinadas al lío del ministro o el hijo del marqués con la actriz, o la intención del empresario (el pardillo que paga la cacería) de colocar sus porteros automáticos.
Pero mucho cuidado, en 1978 la película hablaba del franquismo, que acababa de terminar. La obra de teatro que acabo de ver también se basa en esa época. La tentación es pensar que eso se ha acabado, que es cosa del pasado... pero no, este absurdo (otros dirán esperpento) todavía se da hoy en día. ¿Dónde y con qué criterios se deciden las políticas? ¿Quién y cuándo accede a aquellos que tienen responsabilidad? Y sobre todo ¿es gente seria la que toma esas decisiones o marcianos, alejados de la realidad cotidiana, que sólo van a lo suyo (dicho fríamente)?.
Y mientras tanto, Berlanga, Azcona, Saza, Ferrandis, Mónica Randall, Rafael Alonso, Luis Escobar y tantos grandes de nuestro cine en 1978 y Juan Echanove, Patxi Freytez, Pere Ponce, Pedro Mari Sánchez, Chusa Barbero, Luisa Martín, Elisa Matilla y el resto del reparto ahora en el Teatro Español nos lo cuentan y nos hacen reir a pesar de la triste realidad. Nos demuestran que el absurdo y la corrupción siguen ahí, más vigentes que nunca.
La versión teatral trae un acompañamiento de números musicales que sinceramente me sorprendió. Especialmente los que protagonizó Marta Ribera. Qué voz. No la conocía. Está claro que no he prestado la atención al teatro musical.
Antes tenía que haber escrito estas líneas de agradecimiento y reflexión. Aunque he podido comprobar que están llenando el Teatro en cada función así que no les ha hecho falta mi vano intento de empujón. Si todavía podéis, acercaros a verla. Están hasta el día 26.
Como siempre, gracias Patxi por abrirme el camino. Mucho más tendría que ir al teatro. Poco cuesta para las satisfacciones y los buenos ratos que da a cambio.
Un saludo del Abu


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